COMBATINDO RUMORES E CREENCIAS: AS MOCHILAS NON SON CULPABEIS DAS DORES DE ESPALDA

Unhas das propostas de traballo deste curso en TIC poderá ser (aínda non está decidido) traballar os rumores, falsas creencias, técnicas de desinformación na sociedade da información, etc,...É un tema especialmente atractivo ao meu parecer. Como exemplo unhas das afirmacións máis alegremente repetidas en todos os principios de curso (artigo copiado dende CUARTO PODER)

Como dice el especialista en cirugía de columna Nicomedes Fernández Baíllo, la espalda es como una tienda de campaña que si no tensas bien los vientos se cae. Y ahí debe estar la clave, pues, los niños de hoy, no sólo los españoles, apenas hacen ejercicio. Se pasan horas y horas sentados frente al televisor, jugando con la consola o ante el ordenador en posturas que no son las más apropiadas para fortalecer esa espalda. Posturas que, en general, y según los estudios más recientes, hacen que le duela la espalda a un 42% de los menores de 11 años. El porcentaje se eleva hasta el 51% en los chicos que tienen entre 13 y 15 años y al 69% si son niñas. Los datos proceden del estudio realizado en la Comunidad de Valencia con más de 3.200 menores de entre 13 y 15 años por el doctor Ebri, traumatólogo y coordinador del grupo de ortopedia infantil en la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria.
Así, pues, los expertos mantienen, como Ebri, que la mochila no es la causa principal del dolor de espalda en los niños sino el sedentarismo y la falta de ejercicio. El tópico, sin embargo, se agranda cada año, cuando se acerca el comienzo del curso. Y lo que no es más que pura especulación, se cree un hecho cierto: “las mochilas van a acabar con la espalda de los escolares”. Y entonces aparece “la industria” y propone mochilas más “aerodinámicas”, más “adaptables” a la tierna espalda infantil, más acolchadas, con más y mejores tirantes que no aprieten demasiado los hombros ni opriman el sistema nervioso o muscular. También las editoriales renuevan sus catálogos de ofertas para evitarle “este sufrimiento” añadido al alumnado, y proponen libros troceados en varios volúmenes o en fascículos. El resultado siempre es el mismo: la industria engorda el negocio mientras aumenta el consumo de productos relacionados con este dolor. Y todos, incluidos los psicoterapeutas, traumatólogos, psicólogos, y médicos en general, hacen su agosto o, si trabajan en el ámbito de la salud pública o son altruistas, dedican cientos de horas y recursos a abordar un asunto que, en un alto porcentaje de casos, podría resolverse fácilmente con una dieta más sana, un poco más de ejercicio y algo más de atención pedagógica por parte de los padres, preocupándose de corregir en sus hijos esas posturas insanas e inadecuadas, esos horarios disparatados que tienen, o ese descontrol cotidiano en el que viven por culpa de la televisión o del ordenador. En cualquier caso, lo que está fuera de toda duda es que no debería medicalizarse más de lo imprescindible esta cuestión; algo que no siempre es fácil de evitar, pues el dolor de espalda en los niños es cierto que existe, pero que las causas hay que buscarlas por ahora en perniciosos hábitos de vida, más que en las mochilas y el peso con el que cargan los niños.
Dicho esto, la realidad es que el dolor de espalda afecta a una gran parte de la población infantil. Y aunque de los estudios se desprende que no es la mochila la causa principal de una patología que se extiende como la espuma, en ningún caso quiere ello decir que deba obviarse el problema o evitar dar consejos para que los afectados puedan curarse.
Hace ahora un año el médico rehabilitador Manuel Rodríguez-Piñero publicó, junto con un grupo de colegas, un estudio en el que participaron 849 chicos y chicas de varios centros escolares de Sevilla. Entre los datos que se desprendían de este estudio estaba el de que el sedentarismo tiene una relación directa con este tipo de dolor. Un 66% de los chicos encuestados manifestaba entonces haber sentido dolor de espalda en el año anterior a la encuesta. La mayoría no hacía deporte. “No hacer deporte y padecer este dolor van de la mano”, declaraba entonces Rodríguez-Piñero. Otro dato, cuando menos curioso, es el de que las chicas son más proclives que los chicos a padecer dolor de espalda; un 72,2% frente al 27,8%. Quizá porque aún hacen menos ejercicio, si cabe, que los chicos. Por otra parte se ha constado también que no existe “relación directa” entre el dolor de espalda y cargar con peso durante un plazo breve de tiempo, realizar trabajos físicos esporádicos, ser obeso o practicar deportes de contacto como el fútbol o el baloncesto. Sí es, en cambio, importante y un dato a considerar el que se refiere a los antecedentes familiares; cuando los progenitores sufren estos dolores, los hijos tienden a padecerlos. También los problemas de hiperactividad o una mala relación con los compañeros pueden agravar esta dolencia. El estudio antes señalado demuestra que hay una incidencia directa entre el rendimiento escolar y, con frecuencia, también, en el comportamiento problemático que algunos alumnos mantienen.
Ya en el terreno de lo práctico, se recomienda que el peso de las mochilas no exceda el 15% del peso corporal. Y desde luego lo que los expertos proponen es que se enseñe al niño a cómo coger su mochila, a meter sus cosas en ella de forma que queden repartidas uniformemente en su interior, a que se ciña los tirantes y el cinturón de la misa de forma tal que la mochila le quede pegada a la espalda pero sin oprimirle en exceso.
Por su parte, la Fundación Kovacs, avanzada en el tema del cuidado de la espalda y especialmente vigilante con este problema, da cada año unas pautas cuando se acerca el comienzo del curso escolar. Entre sus habituales recomendaciones, está la de usar las maletas con ruedas, “siempre ajustables a la altura del niño”, dice. Claro que hay especialistas traumatólogos que disienten y opinan lo contrario, siendo más partidarios de la mochila que de la maleta. Contra esta última argumentan que, de entrada, siempre la llevarán más cargada, lo que ya de por sí es perjudicial para el niño, y, además, arrastrarla salvando bordillos, escaleras y otros obstáculos, puede suponerle más lesiones que las que por sí misma le acarrea la mochila. Tampoco hay acuerdo unánime, entre quienes están siguiendo este tema, en si debe ir la mochila apoyada en la zona lumbar o en la parte superior de la espalda. Como no lo hay a la hora de elegir en qué tipo de sillas deben sentarse los niños en los colegios. Lo más recomendable, se dice, es que éstas tengan ruedas y su altura sea regulable para que el niño apoye los pies en el suelo, mientras mantiene las rodillas a la altura de las caderas o ligeramente por encima.
En definitiva, todavía hoy se discuten algunas pautas a seguir para evitar el dolor de espalda infantil o que siga aumentando. Sí hay coincidencia plena entre los especialistas en aquellas propuestas o recomendaciones que invitan a hacer ejercicio físico y a combatir el sedentarismo; ahí si está todo el mundo de acuerdo. Como lo está en las dudas e interrogantes que, de cara al futuro, esta patología plantea: ¿Si hoy los dolores de espalda terminan, en muchos casos, en una incapacidad laboral a una edad relativamente temprana de quien los padece, a qué edad se verán impedidos para trabajar estos chicos y chicas que ya desde ahora, con 12, 13 y 14 años, empiezan a sufrirlos?

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